17 de Abril de 2008: La caja oscura
“- Soy una mujer común y corriente. Nunca pretendí ser otra cosa”
Naomi Watts, The painted veil
(Mala traducción: Al otro lado del mundo)
Hoy, como hace mucho no lo hacía, fui a cine solo. Llegué a casa con una sonrisa entre los labios, con un tararear y con la cabeza centrada en los campos que los paisajes, aparentemente orientales, mostraban al espectador de la sala. La película se llama The painted veil - como cosa rara tiene una traducción de espanto: Al otro lado del mundo -, se trata de una pareja que va descubriendo el amor entre ellos, después de haberse casado: él con la esperanza de que ella lo amara algún día y ella con la esperanza de huir de los lazos familiares que empezaban a ahorcarla. Sé, la trama no es novedosa, pero la manera de contarla es grata, entretenida...
No voy a entrar en más detalles porque no quiero tirármeles la película y porque lo realmente importante no es qué me vi en el cine, sino que fui a él. Salí de mi oficina, caminé sobre la 7 que a esa hora, 5:30 p.m., se encuentra llena de carros en ambos carriles hacia el norte y atestada de transeúntes, sobretodo universitarios, que van en todas direcciones y con agitación.
Esa es una de mis sensaciones preferidas en esta Ciudad del Caos, caminar lentamente mientras los ciudadanos caminan presurosos por las aceras, unas más angostas que otras, pero todas llenas. Entre las 5 y las 7 de la tarde, los habitantes de esta ciudad parecen hormigas a las que les has pateado su nicho, alborotados van de un lado a otro, sin aparente rumbo, tropezando, encontrándose de frente con los otros, sin mirarse siquiera el rostro, la mayoría de ocasiones… dicen que es el mal de las grandes ciudades y aunque la experiencia de Buenos Aires me tumbó muchos mitos al respecto, no entraré a argumentar, ni a discutir aquello ahora…
Decía que caminé por la 7, bajé por la Calle 72 y arribé al Centro Granahorrar, donde existe una costumbre subterránea entre los hombres homosexuales: encontrarse en los baños y hacer de distintas formas “quicklies”; inevitable que mientras ingresas te topes con dos o tres que miran buscando aquello que no se les ha perdido y con ansias de encontrar un intercambio pasional en cualquiera de los pisos, en cualquiera de los orinales o cubículos con inodoro, ¡Que desastre!
Bueno, en Granahorrar fue que ingresé al cine. Me tomé un tinto antes, leí mi libro de Eco, me compré un cubo mediano de crispetas – o palomitas de maíz – sólo para mí e ingresé en la oscuridad de la sala, sabiendo que me aventuraba a un viaje de dos horas… cuanto lo disfruté. No experimentaba ese inundarme de historia hace mucho, ese introducirme en vida ajena a través de un lente, ese contemplar la imagen en un goce solitario y pleno de los colores, las formas y el sentido narrativo que puede tener. El lagrimear con una escena conmovedora, el percibir el crecimiento de los personajes en la historia, el reirme de las situaciones paradójicas, el recordar, con la película en sí y para ser más exactos con palabras de la protagonista: "es que los seres humanos somos complejos, nos equivocamos y cometemos errores"... la humanidad a través de la construcción de un universo simbólico encerradito en un rollo de 8 mm. El cine.
¡QUE VIVA EL CINE! - ya que Andrés sólo lo dijo de la música -.
Re-inventar-se trae sus propios re-corridos. Palabreando y silabeando, el eremita se dibuja en trazos de letras. (¿o se des-dibuja?)
31 de octubre de 2009
Mudanzas 9
17 de abril de 2008: Palabras prestadas
Hoy, Algodón de azúcar, como su nombre lo indica “hombre dulce con el que permanezco en constante comunicación”, me escribió unas hermosas palabras que a continuación cito:
“Que sería del hombre sin alma, sin esa necesidad de nacer de nuevo cuando quiere expresarse, sin el deseo de que otros te lean, te escriban te interpreten cada vez que decides vaciar tu interior.....seríamos como pajarillo herido con deseos de alzar vuelo, como vela sin viento que la impulse, como corazón solitario en busca de un amigo.......gracias a Dios estas allí, haciendo que mi vuelo sea alto, que mi corazón se mueva cada vez que te recuerdo, que el impulso sobre las aguas de la vida sea un refrigerio.....”
Gracias a ti Algodón de azúcar, que sorpresivamente iluminas mis noches aciagas, que alegras con tu voz una tarde cualquiera en que el sol se oculta, que llenas de palabras mi mail justo el día en que mi ánimo lo requiere, que sostienes conmigo conversaciones donde me redescubro y te permito reflejarte, conversaciones que paso a paso, palabra a palabra, centímetro a centímetro, me permiten revelarte, conocerte mejor, hacer más íntima esta amistad profunda que a pesar de la distancia, no se menoscaba por el tiempo, ni por los afanes diarios. Gracias, mi algodón de azúcar.
Hoy, Algodón de azúcar, como su nombre lo indica “hombre dulce con el que permanezco en constante comunicación”, me escribió unas hermosas palabras que a continuación cito:
“Que sería del hombre sin alma, sin esa necesidad de nacer de nuevo cuando quiere expresarse, sin el deseo de que otros te lean, te escriban te interpreten cada vez que decides vaciar tu interior.....seríamos como pajarillo herido con deseos de alzar vuelo, como vela sin viento que la impulse, como corazón solitario en busca de un amigo.......gracias a Dios estas allí, haciendo que mi vuelo sea alto, que mi corazón se mueva cada vez que te recuerdo, que el impulso sobre las aguas de la vida sea un refrigerio.....”
Gracias a ti Algodón de azúcar, que sorpresivamente iluminas mis noches aciagas, que alegras con tu voz una tarde cualquiera en que el sol se oculta, que llenas de palabras mi mail justo el día en que mi ánimo lo requiere, que sostienes conmigo conversaciones donde me redescubro y te permito reflejarte, conversaciones que paso a paso, palabra a palabra, centímetro a centímetro, me permiten revelarte, conocerte mejor, hacer más íntima esta amistad profunda que a pesar de la distancia, no se menoscaba por el tiempo, ni por los afanes diarios. Gracias, mi algodón de azúcar.
30 de octubre de 2009
Mudanzas 8
16 de abril de 2008: ¿Cazando mariposas o no?
Me acerqué a la chica H. para hablar de mi salida del día de ayer con el emperador de Fianot. Ella comprensivamente, con su particular sonrisa, me escuchó hasta que terminé. Una vez finalizado mi relato, corto y sustancioso, con dosis de reflexión personales, la chica H. me dijo que se notaba que ya estaba en la onda de esperar las mariposas, arrugué el ceño y le pregunté a qué se refería:
- Ayer hablaba con mi chica y le dije que antes me dedicaba a cazar las mariposas. Ella se acomodó en su silla, se dispuso a escucharme y me dijo que le interesaba lo que tenía por decir, que eso sonaba a profundo y largo… –
La chica H. hizo una pausa en su discurso como cuando se organizan las palabras apropiadas, la imagino ayer frente a la mujer que está revelando en este momento, una oportunidad de redescubrir el amor y redescubrirse como una nueva mujer en ello, no sé a dónde la conduzca este nuevo camino y ella tampoco pero eso le atrae y se quiere internar, no me cabe la menor duda:
- Hace tiempo me dedicaba a cazar las mariposas en el campo, tras ellas con una red o con las manos, saltaba de un lado a otro tratando de cogerlas, sin conseguirlo o haciéndolo y dejándolas heridas en esa vulnerabilidad propia de ellas; realmente no disfrutaba, todo el tiempo preocupada por agarrarlas efectivamente, no lograba degustar el momento, más bien me agitaba y preocupaba… así era como me comportaba en el amor, cazando mariposas. Ahora me he relajado, he soltado, he dejado de buscar, me detuve en un punto y me quedé disfrutando lo que me rodeaba y la mariposa se acercó hasta posarse en mi y entonces con ella aquí – y estiró el dorso de su mano a modo de ejemplo – se puede contemplar sus colores, sentir su cosquilleo en la piel, admirar la belleza, sin agitación, sin afán, con tranquilidad.
Me quedé observándola… que hermosa metáfora… ¿cazando mariposas o esperando a que te encuentren y en medio de tu calma se posen gustosas en ti?
¡Gracias chica H.!
Me acerqué a la chica H. para hablar de mi salida del día de ayer con el emperador de Fianot. Ella comprensivamente, con su particular sonrisa, me escuchó hasta que terminé. Una vez finalizado mi relato, corto y sustancioso, con dosis de reflexión personales, la chica H. me dijo que se notaba que ya estaba en la onda de esperar las mariposas, arrugué el ceño y le pregunté a qué se refería:
- Ayer hablaba con mi chica y le dije que antes me dedicaba a cazar las mariposas. Ella se acomodó en su silla, se dispuso a escucharme y me dijo que le interesaba lo que tenía por decir, que eso sonaba a profundo y largo… –
La chica H. hizo una pausa en su discurso como cuando se organizan las palabras apropiadas, la imagino ayer frente a la mujer que está revelando en este momento, una oportunidad de redescubrir el amor y redescubrirse como una nueva mujer en ello, no sé a dónde la conduzca este nuevo camino y ella tampoco pero eso le atrae y se quiere internar, no me cabe la menor duda:
- Hace tiempo me dedicaba a cazar las mariposas en el campo, tras ellas con una red o con las manos, saltaba de un lado a otro tratando de cogerlas, sin conseguirlo o haciéndolo y dejándolas heridas en esa vulnerabilidad propia de ellas; realmente no disfrutaba, todo el tiempo preocupada por agarrarlas efectivamente, no lograba degustar el momento, más bien me agitaba y preocupaba… así era como me comportaba en el amor, cazando mariposas. Ahora me he relajado, he soltado, he dejado de buscar, me detuve en un punto y me quedé disfrutando lo que me rodeaba y la mariposa se acercó hasta posarse en mi y entonces con ella aquí – y estiró el dorso de su mano a modo de ejemplo – se puede contemplar sus colores, sentir su cosquilleo en la piel, admirar la belleza, sin agitación, sin afán, con tranquilidad.
Me quedé observándola… que hermosa metáfora… ¿cazando mariposas o esperando a que te encuentren y en medio de tu calma se posen gustosas en ti?
¡Gracias chica H.!
Mudanzas 7
15 de abril de 2008: De vuelta(s) por una U
El eremita preparó su mochila morada con los botones de Björk: introdujo su billetera, las llaves, algunas monedas sueltas y el libro del momento: El péndulo de Foucault. Abordó un bus a la Universidad Javeriana, mientras pensaba en que se encontraría con el emperador de Fianot, con el que había acordado una cita para ver una película en la Facultad de Artes - Ciclo Rosa de los martes -.
Se bajó del bus, descendió por unas escaleras al túnel que comunica una acera con la otra, encontrándose de a pocos con hombres y mujeres jóvenes con formas de vestir y expresiones particulares que lo iban sumergiendo de nuevo en el ambiente característico de la universidad, la academia. Cuanto extrañaba esa sensación de tiempo dilatado en el que se podía diversificar una conversación sin llevarla a ningún lado, sin ser responsable de cada palabra, del tiempo invertido en cada frase. Se construye el tiempo y el espacio en una dimensión alterna, diferente al ritmo vertiginoso de la ciudad, al exacto de la organización, al demandante de la institución, diferente a todos los demás con los que se ha encontrado en el camino de su crecimiento.
Ese túnel fue como ir hacia atrás en el tiempo y desear de nuevo esa vivencia, ese estar ahí dispuesto a estudiar, a compartir con los compañeros una cerveza, una película, una tirada de Tarot, una torta de hierba, pequeñas y sencillas maravillas.
El eremita salió en la acera oriental y se dirigió a las escaleras de ladrillo en las que estudiantes de diferentes aspectos conversaban o esperaban a su vez otras personas. El Emperador de Fianot no había llegado aún y el Eremita no sabía cuanto tiempo más tardaría. Sin embargo se dejó llevar por el ruido del río de la gente, por las risas, la agitación propia de las 4:30 en una universidad. Se inundó de alma mater y con cada hoyo de su cuerpo taponado de nostalgia y deseo de estudiar de nuevo, vio como caía la tarde, como se iba descolgando, haciendo énfasis nuevamente en que el tiempo no se detiene y mucho menos el sol se levanta a la inversa sobre el horizonte en dirección al oriente.
El eremita preparó su mochila morada con los botones de Björk: introdujo su billetera, las llaves, algunas monedas sueltas y el libro del momento: El péndulo de Foucault. Abordó un bus a la Universidad Javeriana, mientras pensaba en que se encontraría con el emperador de Fianot, con el que había acordado una cita para ver una película en la Facultad de Artes - Ciclo Rosa de los martes -.
Se bajó del bus, descendió por unas escaleras al túnel que comunica una acera con la otra, encontrándose de a pocos con hombres y mujeres jóvenes con formas de vestir y expresiones particulares que lo iban sumergiendo de nuevo en el ambiente característico de la universidad, la academia. Cuanto extrañaba esa sensación de tiempo dilatado en el que se podía diversificar una conversación sin llevarla a ningún lado, sin ser responsable de cada palabra, del tiempo invertido en cada frase. Se construye el tiempo y el espacio en una dimensión alterna, diferente al ritmo vertiginoso de la ciudad, al exacto de la organización, al demandante de la institución, diferente a todos los demás con los que se ha encontrado en el camino de su crecimiento.
Ese túnel fue como ir hacia atrás en el tiempo y desear de nuevo esa vivencia, ese estar ahí dispuesto a estudiar, a compartir con los compañeros una cerveza, una película, una tirada de Tarot, una torta de hierba, pequeñas y sencillas maravillas.
El eremita salió en la acera oriental y se dirigió a las escaleras de ladrillo en las que estudiantes de diferentes aspectos conversaban o esperaban a su vez otras personas. El Emperador de Fianot no había llegado aún y el Eremita no sabía cuanto tiempo más tardaría. Sin embargo se dejó llevar por el ruido del río de la gente, por las risas, la agitación propia de las 4:30 en una universidad. Se inundó de alma mater y con cada hoyo de su cuerpo taponado de nostalgia y deseo de estudiar de nuevo, vio como caía la tarde, como se iba descolgando, haciendo énfasis nuevamente en que el tiempo no se detiene y mucho menos el sol se levanta a la inversa sobre el horizonte en dirección al oriente.
Mudanzas 6
14 de abril de 2008: En la esquina desconocida...
Viene entre la bruma de la memoria este verso:
“I know by now that you'll arrive
by the time I stop waiting”
Björk, I miss you, Post.
(http://www.azlyrics.com/lyrics/bjork/imissyou.html)
Hablaba con el hombre del perro por teléfono, hace días no lo hacía. Cumplió años y mi mente traviesa y un tanto desordenada de estos días pasó por alto la fecha. Él mismo me avisó al respecto, dos días después de su feliz día me mandó un mensaje al celular “Amigo esperé hasta los últimos segundos del día de mi nuevo año pero creo que no siempre estarás. Además creo que se te olvidó por muchas razones pero y todo así, te quiero, M”. Me sentí profundamente avergonzado, no me había sucedido algo así en muchos años y justo con él me vino a pasar, con él que hacía poco me había dado una diatriba de mi “nueva vida” y lo mucho que había cambiado, justo con el menos indicado cometía el error del olvido – ni tan casual ha de ser -.
Bueno decía que hablaba con él:
- He estado triste.
- Ay, amigo.
- Sip, hace casi tres años no tenía que decir adiós.
- Pero vas a estar bien.
- Lo sé. Es sólo que redescubre uno lo rico que se siente ser bien tratado por alguien que te quiere. Ser querido y querer.
Recuerdo a mi jefa hablando de Lucía y sus últimos aconteceres afectivos:
- Tan rico que es estar en esos primeros momentos del amor. ¿No es cierto?
- Aja – le digo. Y ella sin comprender continúa.
- Cuando uno se está conociendo y espera ansiosa una llamada, un mensaje, la próxima cita. Conocerse de a poquitos pero sabiendo que hay algo entre las dos personas. – con un tanto de humor le digo.
- Si, claro, apenas el tema para mí, D. Estoy en un momento muy apropiado para hablar de ello.
- Ay, Andrés, pero piénsalo bien, estas experiencias te preparan para recibir mucho mejor al hombre que si va a estar a tu lado por mucho tiempo.
- Pues fuera de pensarlo como un consuelo, tienes razón. Va uno madurando, creciendo y paradójicamente estoy más abierto de brazos que nunca para identificar el amor, recibirlo y ofrecerlo. Ya veremos.
Y mientras miramos a lado y lado de la séptima para cruzarla, o hablo por teléfono con el hombre del perro que se encuentra en la Ciudad Voluptuosa, en algún lugar de esta Ciudad del Caos, un hombre me imagina, me dibuja en el día y retoca en las noches, deseando igual que yo, el cruce de nuestras miradas en alguna esquina anónima. ¿Dónde estará (s)? ¿Cuándo estará (s)?
Viene entre la bruma de la memoria este verso:
“I know by now that you'll arrive
by the time I stop waiting”
Björk, I miss you, Post.
(http://www.azlyrics.com/lyrics/bjork/imissyou.html)
Hablaba con el hombre del perro por teléfono, hace días no lo hacía. Cumplió años y mi mente traviesa y un tanto desordenada de estos días pasó por alto la fecha. Él mismo me avisó al respecto, dos días después de su feliz día me mandó un mensaje al celular “Amigo esperé hasta los últimos segundos del día de mi nuevo año pero creo que no siempre estarás. Además creo que se te olvidó por muchas razones pero y todo así, te quiero, M”. Me sentí profundamente avergonzado, no me había sucedido algo así en muchos años y justo con él me vino a pasar, con él que hacía poco me había dado una diatriba de mi “nueva vida” y lo mucho que había cambiado, justo con el menos indicado cometía el error del olvido – ni tan casual ha de ser -.
Bueno decía que hablaba con él:
- He estado triste.
- Ay, amigo.
- Sip, hace casi tres años no tenía que decir adiós.
- Pero vas a estar bien.
- Lo sé. Es sólo que redescubre uno lo rico que se siente ser bien tratado por alguien que te quiere. Ser querido y querer.
Recuerdo a mi jefa hablando de Lucía y sus últimos aconteceres afectivos:
- Tan rico que es estar en esos primeros momentos del amor. ¿No es cierto?
- Aja – le digo. Y ella sin comprender continúa.
- Cuando uno se está conociendo y espera ansiosa una llamada, un mensaje, la próxima cita. Conocerse de a poquitos pero sabiendo que hay algo entre las dos personas. – con un tanto de humor le digo.
- Si, claro, apenas el tema para mí, D. Estoy en un momento muy apropiado para hablar de ello.
- Ay, Andrés, pero piénsalo bien, estas experiencias te preparan para recibir mucho mejor al hombre que si va a estar a tu lado por mucho tiempo.
- Pues fuera de pensarlo como un consuelo, tienes razón. Va uno madurando, creciendo y paradójicamente estoy más abierto de brazos que nunca para identificar el amor, recibirlo y ofrecerlo. Ya veremos.
Y mientras miramos a lado y lado de la séptima para cruzarla, o hablo por teléfono con el hombre del perro que se encuentra en la Ciudad Voluptuosa, en algún lugar de esta Ciudad del Caos, un hombre me imagina, me dibuja en el día y retoca en las noches, deseando igual que yo, el cruce de nuestras miradas en alguna esquina anónima. ¿Dónde estará (s)? ¿Cuándo estará (s)?
Mudanzas 5
13 de abril de 2008: Reunión de solteros
De pronto una llamada común resulta ser una invitación a un nuevo mundo: el cumpleaños de un ex de un amigo. Y te empiezas a preguntar cómo será el ambiente que le rodea. El hombre en cuestión, ex-pareja de Santiago, ha constituido su hogar al lado de otro hombre que lleva su mismo nombre: A. Es curioso que un par de tocayos resulten ser pareja. La reunión, que se tornó después en pachanga, tenía el elemento crucial en los cumpleaños, la sorpresa. Le habían dicho a A el cumpleañero que habían robado su apartamento y llegó con cara de angustia. Al abrir la puerta de su casa, nos encontró a todos ahí, diciendo Feliz Cumpleaños.... se vio gratamento sorprendido.
Una vez empezaron las presentaciones formales empezaron las descripciones, nuevamente los temas puestos en el tapete: nombre, cómo conoció al del cumpleaños, edad, estudios y la pregunta crucial: soltero o ennoviado. ¡Que vaina con ese tema! Se hace evidente la soledad. Y de 10 hombres, cual estadistica, éramos seis solteros, dos mal ennoviados, uno recien ennoviado - período honey moon - y el anfitrion, con un amor de idilio, donde todos pareciamos desearlo... que envidia!!!!
La soledad... ¿mal, bien, estado o valor contemporáneo?
De pronto una llamada común resulta ser una invitación a un nuevo mundo: el cumpleaños de un ex de un amigo. Y te empiezas a preguntar cómo será el ambiente que le rodea. El hombre en cuestión, ex-pareja de Santiago, ha constituido su hogar al lado de otro hombre que lleva su mismo nombre: A. Es curioso que un par de tocayos resulten ser pareja. La reunión, que se tornó después en pachanga, tenía el elemento crucial en los cumpleaños, la sorpresa. Le habían dicho a A el cumpleañero que habían robado su apartamento y llegó con cara de angustia. Al abrir la puerta de su casa, nos encontró a todos ahí, diciendo Feliz Cumpleaños.... se vio gratamento sorprendido.
Una vez empezaron las presentaciones formales empezaron las descripciones, nuevamente los temas puestos en el tapete: nombre, cómo conoció al del cumpleaños, edad, estudios y la pregunta crucial: soltero o ennoviado. ¡Que vaina con ese tema! Se hace evidente la soledad. Y de 10 hombres, cual estadistica, éramos seis solteros, dos mal ennoviados, uno recien ennoviado - período honey moon - y el anfitrion, con un amor de idilio, donde todos pareciamos desearlo... que envidia!!!!
La soledad... ¿mal, bien, estado o valor contemporáneo?
Mudanzas 4
11 de abril de 2008: Palabras prestadas
Estas palabras me las hizo llegar a mi email, un gran amigo para el cual usaré el seudónimo de Miguel Angel - él y otros es posible que sepan a quién me refiero -. Sus palabras me parecieron sumamente bellas así que las transcribo tal cual... gracias Miguel Angel, te quiero mucho.
" Cómo esperar que en el silencio se encuentren las palabras sin significado. Cómo saber que dentro del viaje, no existe tiempo, y que éste es más infinito que el pensamiento. Cómo entregar sin dar, y en ese dar sólo sentir que se recibe. Cómo llegar a la conciencia, solo con la decisión de cruzar la calle, en un paso, y saber que el presente, sin sueños, ni ilusiones, ni egos, existe; Y que es el camino al mejor de los viajes, al mas retirado de todos, al mas riesgoso, pero al mejor recompensado, al interior infinito de mí mismo, de quien realmente soy, sin máscaras, en donde tal vez dejo de ser para solo sentir."
Estas palabras me las hizo llegar a mi email, un gran amigo para el cual usaré el seudónimo de Miguel Angel - él y otros es posible que sepan a quién me refiero -. Sus palabras me parecieron sumamente bellas así que las transcribo tal cual... gracias Miguel Angel, te quiero mucho.
" Cómo esperar que en el silencio se encuentren las palabras sin significado. Cómo saber que dentro del viaje, no existe tiempo, y que éste es más infinito que el pensamiento. Cómo entregar sin dar, y en ese dar sólo sentir que se recibe. Cómo llegar a la conciencia, solo con la decisión de cruzar la calle, en un paso, y saber que el presente, sin sueños, ni ilusiones, ni egos, existe; Y que es el camino al mejor de los viajes, al mas retirado de todos, al mas riesgoso, pero al mejor recompensado, al interior infinito de mí mismo, de quien realmente soy, sin máscaras, en donde tal vez dejo de ser para solo sentir."
Mudanzas 3
10 de abril de 2008: ¿En dónde voy?
Me encontraba sentado en una oficina de una empresa importante de turismo a nivel nacional, e incluso latinoamericano – bueno, eso dice la misma mujer que me está atendiendo -, cuando todo se hizo evidente. He llegado a un sitio, posición y rol insospechado para mí hace unos cuantos años.
En la época universitaria, en medio de la cinemateca, la locura de las pintas desbaratadas – que aún adoro-, los amores difíciles, como los llamaría Calvino, las trasnochadas estudiando, los trabajos de la u con los compañeros, el desempeño naciente en el campo clínico, sobretodo con niños, incluso en el tratar de entender en alguna medida el autismo, en medio de todo ello, enuncié que el mundo organizacional hedía, que nunca –léase bien, “nunca”- ingresaría en ese universo tan ajeno, lleno de competitividad y de valores que rechazaba en pleno, por mi grata rebeldía, que en el espíritu conservo.
La enunciación quedó suspendida, después vino la revolución, la partida de Cali, el Huracán en Miami, el retorno a la patria, la asentada en Bogotá, el trabajo en el ICBF y trás, de un momento a otro, me vi ingresando en el mundo organizacional como una pequeña oportunidad de aprender algo nuevo, un nivel de formación, de preparación, para “ser” un futuro administrador de un lugar aun desconocido para mi. Sin embargo no esperé esta carrera vertiginosa por el aprendizaje, esta construcción – a propósito de los últimos temas de este blog – de una estructura, de una forma de mirar, que en principio no concebí y con la que ahora negocio. Me he embebido de empresa, de compañía, de organización, de negocio, sin embargo quien soy insiste, el eremita alega, con fuerza, con ahínco, con férrea voluntad. Y ahora tengo a los dos en mesa de trabajo, de negociación, de acuerdo casi humanitario… si no lo consiguen me volveré loco.
Bueno, decía que me encontraba en esa oficina, de ventanales inmensos, sin buena vista, pero ventanales inmensos, de mucha luz. Nos atendía, me encontraba con mi jefe por eso me refiero a “nos”, una mujer de alta jerarquía, Vicepresidencia Comercial, con un rostro austero, con trato difícil, sin la más mínima contemplación (“Por lo menos, yo soy exigente con mis proveedores pero no así de dura”, me diría después mi jefe, quien es bastante fuerte cuando se le ofrece un servicio). Y frente a esa mujer, decía, tuve la certeza, el momento de lucidez, el click, “Juepucha, ¿dónde estoy? ¿Quién es ella? ¿Qué hago aquí? ¿En qué momento llegué hasta acá?”.
El que bien me conoce, sabrá que estas preguntas no son de un ego orgulloso e implacable, sino de un humanista inquieto y curioso, que ha descubierto posibilidades de sí mismo en un escenario que nunca sospechó aprehender. Pero ahí estaba, hablando de cosas que hace un año desconocía y quería con toda voluntad ignorar; ahí estaba con mi historia de amor que en algún momento fue bastante viciosa; ahí estaba el mismo que antes no contaba con organización, ciertas dosis de responsabilidad, ni deseo de pertenecer a todo ello; ahí estaba con mi inquietud identitaria, después de otros tantos procesos de constitución de mí mismo; ahí estaba con la nostalgia de tardes desaprovechadas con mis amigos de Cali hablando de cosas que no aportaban más que al deseo; ahí estaba con la certeza de un nuevo círculo de relaciones que antes no hubiera considerado; ahí estaba con todo el que fui, el que soy, ese al que tanto quiero y respeto.
Ahí estaba, ahí estoy, pero lo bueno, es que después de lo que he vivido, tengo la certeza de que ahí está quien soy, aunque eso no sea lo único que soy…
P.D: Dejo mis puntos suspensivos con deliberación porque esto está plenamente y conscientemente inacabado, es tema para mi por estos días.
Me encontraba sentado en una oficina de una empresa importante de turismo a nivel nacional, e incluso latinoamericano – bueno, eso dice la misma mujer que me está atendiendo -, cuando todo se hizo evidente. He llegado a un sitio, posición y rol insospechado para mí hace unos cuantos años.
En la época universitaria, en medio de la cinemateca, la locura de las pintas desbaratadas – que aún adoro-, los amores difíciles, como los llamaría Calvino, las trasnochadas estudiando, los trabajos de la u con los compañeros, el desempeño naciente en el campo clínico, sobretodo con niños, incluso en el tratar de entender en alguna medida el autismo, en medio de todo ello, enuncié que el mundo organizacional hedía, que nunca –léase bien, “nunca”- ingresaría en ese universo tan ajeno, lleno de competitividad y de valores que rechazaba en pleno, por mi grata rebeldía, que en el espíritu conservo.
La enunciación quedó suspendida, después vino la revolución, la partida de Cali, el Huracán en Miami, el retorno a la patria, la asentada en Bogotá, el trabajo en el ICBF y trás, de un momento a otro, me vi ingresando en el mundo organizacional como una pequeña oportunidad de aprender algo nuevo, un nivel de formación, de preparación, para “ser” un futuro administrador de un lugar aun desconocido para mi. Sin embargo no esperé esta carrera vertiginosa por el aprendizaje, esta construcción – a propósito de los últimos temas de este blog – de una estructura, de una forma de mirar, que en principio no concebí y con la que ahora negocio. Me he embebido de empresa, de compañía, de organización, de negocio, sin embargo quien soy insiste, el eremita alega, con fuerza, con ahínco, con férrea voluntad. Y ahora tengo a los dos en mesa de trabajo, de negociación, de acuerdo casi humanitario… si no lo consiguen me volveré loco.
Bueno, decía que me encontraba en esa oficina, de ventanales inmensos, sin buena vista, pero ventanales inmensos, de mucha luz. Nos atendía, me encontraba con mi jefe por eso me refiero a “nos”, una mujer de alta jerarquía, Vicepresidencia Comercial, con un rostro austero, con trato difícil, sin la más mínima contemplación (“Por lo menos, yo soy exigente con mis proveedores pero no así de dura”, me diría después mi jefe, quien es bastante fuerte cuando se le ofrece un servicio). Y frente a esa mujer, decía, tuve la certeza, el momento de lucidez, el click, “Juepucha, ¿dónde estoy? ¿Quién es ella? ¿Qué hago aquí? ¿En qué momento llegué hasta acá?”.
El que bien me conoce, sabrá que estas preguntas no son de un ego orgulloso e implacable, sino de un humanista inquieto y curioso, que ha descubierto posibilidades de sí mismo en un escenario que nunca sospechó aprehender. Pero ahí estaba, hablando de cosas que hace un año desconocía y quería con toda voluntad ignorar; ahí estaba con mi historia de amor que en algún momento fue bastante viciosa; ahí estaba el mismo que antes no contaba con organización, ciertas dosis de responsabilidad, ni deseo de pertenecer a todo ello; ahí estaba con mi inquietud identitaria, después de otros tantos procesos de constitución de mí mismo; ahí estaba con la nostalgia de tardes desaprovechadas con mis amigos de Cali hablando de cosas que no aportaban más que al deseo; ahí estaba con la certeza de un nuevo círculo de relaciones que antes no hubiera considerado; ahí estaba con todo el que fui, el que soy, ese al que tanto quiero y respeto.
Ahí estaba, ahí estoy, pero lo bueno, es que después de lo que he vivido, tengo la certeza de que ahí está quien soy, aunque eso no sea lo único que soy…
P.D: Dejo mis puntos suspensivos con deliberación porque esto está plenamente y conscientemente inacabado, es tema para mi por estos días.
Mudanzas 2
9 de Abril de 2008: Un transeunte mas
Tan sólo se trata de un transeúnte más. El eremita, cargado de pensamiento, tratando de descifrar sobre qué escribir, camina desde su casa a su oficina, desde su oficina a su casa. La lluvia suave de la Ciudad del Caos moja sus cabellos, empapa su rostro, nada irremediable, es tan sólo unas gotas de agua esporádicas que se dejan caer del cielo cargado, gris, nublado. Siente que como ese techo improvisado de la cúpula celeste – nombrada así por tantos -, se condensa la tristeza de estos días al interior de su pecho y quisiera que se dejaran caer las gotas por los ojos copiosamente, o aunque fuera como esta llovizna, pero el bloqueo permanece. Sabemos que esta tristeza árida en algún momento invocará la danza de las lluvias o algún ritual pagano que provoque el devenir de las lágrimas ausentes por tanto tiempo, por ahora espera.
Se formuló una pregunta a sí mismo: ¿Por qué a veces nos aferramos tan disimuladamente a una débil esperanza y sobre ella levantamos los castillos vulnerables a un tropiezo, ventisca o temblor? ¿Por qué se insiste? La respuesta no aparece, creo que es simplemente un ejercicio. Sin embargo aparece una nueva inquietud en relación con buscar metáforas de edificaciones débiles que pueden venirse abajo en cualquier momento (véase el derrumbe en este mismo blog) y empieza a revelarse un tema en el “levantar, construir, edificar” y el caerse posterior. La pregunta: ¿Acaso es inevitable en temas del amor ese grado de vulnerabilidad de las relaciones que se construyen o es posible levantar unos pilares sólidos sobre los cuales darle sostén a lo venidero? Y si es así, ¿cuáles serían esas columnas?
Por ahora me dejo divagar y uno mismo, el otro que también me habita, le hace muecas a El eremita cada que quiere tocar el tema de la soledad y el amor. Pero es el mayor tema en común entre ellos por estos días. Igual y tan sólo se trata de un transeúnte más.
Tan sólo se trata de un transeúnte más. El eremita, cargado de pensamiento, tratando de descifrar sobre qué escribir, camina desde su casa a su oficina, desde su oficina a su casa. La lluvia suave de la Ciudad del Caos moja sus cabellos, empapa su rostro, nada irremediable, es tan sólo unas gotas de agua esporádicas que se dejan caer del cielo cargado, gris, nublado. Siente que como ese techo improvisado de la cúpula celeste – nombrada así por tantos -, se condensa la tristeza de estos días al interior de su pecho y quisiera que se dejaran caer las gotas por los ojos copiosamente, o aunque fuera como esta llovizna, pero el bloqueo permanece. Sabemos que esta tristeza árida en algún momento invocará la danza de las lluvias o algún ritual pagano que provoque el devenir de las lágrimas ausentes por tanto tiempo, por ahora espera.
Se formuló una pregunta a sí mismo: ¿Por qué a veces nos aferramos tan disimuladamente a una débil esperanza y sobre ella levantamos los castillos vulnerables a un tropiezo, ventisca o temblor? ¿Por qué se insiste? La respuesta no aparece, creo que es simplemente un ejercicio. Sin embargo aparece una nueva inquietud en relación con buscar metáforas de edificaciones débiles que pueden venirse abajo en cualquier momento (véase el derrumbe en este mismo blog) y empieza a revelarse un tema en el “levantar, construir, edificar” y el caerse posterior. La pregunta: ¿Acaso es inevitable en temas del amor ese grado de vulnerabilidad de las relaciones que se construyen o es posible levantar unos pilares sólidos sobre los cuales darle sostén a lo venidero? Y si es así, ¿cuáles serían esas columnas?
Por ahora me dejo divagar y uno mismo, el otro que también me habita, le hace muecas a El eremita cada que quiere tocar el tema de la soledad y el amor. Pero es el mayor tema en común entre ellos por estos días. Igual y tan sólo se trata de un transeúnte más.
Mudanzas 1
El 7 de abril de 2008: El derrumbe
Hoy se enreda en mis pensamientos una imagen. Corresponde con mi situación actual de una manera poco grata para mí. Quisiera ignorarla e incluso estuve pensando otras imágenes que representaran lo que siento, sin embargo esa insistió y me veo estrictamente obligado a dar cuenta de ella… por ejercicio, por experimento… ssshhhh… por exorcismo.
La yenga. Serie de fichas de madera con dos o tres colores diferentes y volumen: ancho y alto de igual longitud, largo con más igual longitud, largo con más centímetros. Una sobre otra, cual ladrillos, se van acomodando en orden ascendente, tres por nivel y del mismo color, el siguiente en sentido contrario al que le precede: donde hubo tres anchos ahora queda un largo y donde hubo un largo quedan ahora tres anchos, que corresponden estrictamente con la sumatoria de las longitudes. Una vez instaladas las fichas se empieza el juego. Por turnos cada persona va sacando una ficha, evitando que la torre levantada se venga a suelo. Lentamente las bases empiezan a quedar más vulnerables, sostenidas en el equilibrio de una sola arista o en la firmeza de dos fichas que son ilusión, con su vacío entre ellas, estructura. Bien sabemos que el equilibrio de la estructura no consiste en su solidez inmutable sino en la creación del vacío sostenible.
Bien, un movimiento en falso, una fuerza mal calculada, una brisa imprevista, la torpeza de otro, un accidente cualquiera, un andar por las nubes, un delicado despiste, puede costar toda la torre. Y una vez la misma pierde equilibrio, una vez se balancea en el espacio, justo antes de estrellarse contra la superficie, alcanzas a decir: Esto se vino abajo, es inevitable. Es un segundo inevitable y largo, duradero, en que aún ni siquiera el grito se inaugura pero la sensación de vértigo se instala. Y entonces se estrellan las fichas estrepitosamente contra la mesa, o el suelo, o la alfombra, o lo que sea que soporta todo y el reguero de fichas es ineludible. Y alcanzas a sentir la pequeña muerte, el fin del juego, adiós, e inmediatamente surge el deseo de una nueva partida y vas tomando una a una las fichas, clasificándolas por colores, levantando nivel por nivel, preparándote para un nuevo intento de equilibrio…
He ahí la imagen. En qué punto estoy. Esta tarde me sentí frente al reguero de fichas que esperan ser clasificadas. Ahí frente a los diferentes colores pienso y espero… sin embargo mis manos ya van haciendo lo que les corresponde, mueven fichas, acomodan, aunque no salgo del asombro de haber visto la torre venirse abajo ante mis ojos.
P.D: ¿Y quién o quiénes o qué ganó (ganaron) la partida?
Hoy se enreda en mis pensamientos una imagen. Corresponde con mi situación actual de una manera poco grata para mí. Quisiera ignorarla e incluso estuve pensando otras imágenes que representaran lo que siento, sin embargo esa insistió y me veo estrictamente obligado a dar cuenta de ella… por ejercicio, por experimento… ssshhhh… por exorcismo.
La yenga. Serie de fichas de madera con dos o tres colores diferentes y volumen: ancho y alto de igual longitud, largo con más igual longitud, largo con más centímetros. Una sobre otra, cual ladrillos, se van acomodando en orden ascendente, tres por nivel y del mismo color, el siguiente en sentido contrario al que le precede: donde hubo tres anchos ahora queda un largo y donde hubo un largo quedan ahora tres anchos, que corresponden estrictamente con la sumatoria de las longitudes. Una vez instaladas las fichas se empieza el juego. Por turnos cada persona va sacando una ficha, evitando que la torre levantada se venga a suelo. Lentamente las bases empiezan a quedar más vulnerables, sostenidas en el equilibrio de una sola arista o en la firmeza de dos fichas que son ilusión, con su vacío entre ellas, estructura. Bien sabemos que el equilibrio de la estructura no consiste en su solidez inmutable sino en la creación del vacío sostenible.
Bien, un movimiento en falso, una fuerza mal calculada, una brisa imprevista, la torpeza de otro, un accidente cualquiera, un andar por las nubes, un delicado despiste, puede costar toda la torre. Y una vez la misma pierde equilibrio, una vez se balancea en el espacio, justo antes de estrellarse contra la superficie, alcanzas a decir: Esto se vino abajo, es inevitable. Es un segundo inevitable y largo, duradero, en que aún ni siquiera el grito se inaugura pero la sensación de vértigo se instala. Y entonces se estrellan las fichas estrepitosamente contra la mesa, o el suelo, o la alfombra, o lo que sea que soporta todo y el reguero de fichas es ineludible. Y alcanzas a sentir la pequeña muerte, el fin del juego, adiós, e inmediatamente surge el deseo de una nueva partida y vas tomando una a una las fichas, clasificándolas por colores, levantando nivel por nivel, preparándote para un nuevo intento de equilibrio…
He ahí la imagen. En qué punto estoy. Esta tarde me sentí frente al reguero de fichas que esperan ser clasificadas. Ahí frente a los diferentes colores pienso y espero… sin embargo mis manos ya van haciendo lo que les corresponde, mueven fichas, acomodan, aunque no salgo del asombro de haber visto la torre venirse abajo ante mis ojos.
P.D: ¿Y quién o quiénes o qué ganó (ganaron) la partida?
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