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15 de abril de 2010

Palabras prestadas


Para aquel que ha visto la película El secreto de tus ojos, conocerá el contexto de este diálogo. Para aquel que aún no ha tenido la oportunidad de disfrutar la película puede ser más flexible y quizá llegar a verlo como me topó, en el impacto de lo general, en la incidencia en lo cotidiano... No piense más, hermano; No piense más, muchacho; No pienses más, chicuela; No pienses más, ninguno...

"No piense más, no piense más. ¡Qué importa! Mi mujer está muerta, su amigo está muerto, Gómez también está muerto, están todos muertos. No le dé más vueltas, va a empezar con que si hubiera estado, si no hubiera estado. Va a tener mil pasados y ningún futuro. No piense más, hágame caso. Se va a quedar solo con recuerdos." En El secreto de tus ojos.

29 de enero de 2010

Palabras prestadas

Gracias Lucía:

" Escribir es más importante que la muerte. Escribir es defender la soledad en que se está; es una acción que brota desde un aislamiento afectivo, pero desde un aislamiento comunicable. Por la palabra nos hacemos libres, libres del momento, de la circunstancia apremiante. Se escribe para reconquistar la derrota sufrida para siempre... lo escrito es un instrumento para esta ansia incontenible de comunicar, de "publicar" el secreto encontrado"

María Zambrano 1934

9 de enero de 2010

Palabras prestadas

Gracias, Luisa por hacerme llegar este texto. Lo pongo en este puzzle de mi blog:

"EL ARTE Y EL OFICIO

Quedar convertido en instrumento, en oficio, en tarea. FRANCISCO UMBRAL

El escritor se mira al espejo y piensa que es tinta. Solo así hay salvación: cuando uno es lo que respira, cuando uno es aire y bronquio; garganta y ahogo. Solo así hay vida luminosa. Es necesario convertirse en el esperma y en la piel herida. También en el temblor. Y en el ay desgarrado de los orgasmos. Solo así —siendo el oficio, la tarea— se puede estar presente, salpicar las paredes de hiedra o mancillar la memoria de los nuestros.

El papel, la tinta, los minutos. Dejarse de pamplinas, dejarse del que escucha al otro lado con sus ojos, dejarse de la sonrisa y del aplauso. Quedar convertido en puntos suspensivos para seguir mañana, y el año que viene, y después de muerto. Proclamo a un tiempo la voluntad de ser errata y recompensa. De esta manera ya puedo enunciar que soy a la vez el que escribe y lo escrito. La Bovary c’est moi, mi caudillaje y mi obediencia. Soy el soporte que contiene la voz y la ilusión forjada a la sombra del delirio y de los vinos. Y soy, tal vez, solo esa palabra que llena los pulmones y el orgullo: escritor.

Pero ahora estoy aquí sin otro remedio que confundirme con el oficio y la herramienta. Soy lo hacendoso y la pereza que cruza cada línea escrita, y el texto que duerme en la desidia. Porque yo soy de la misma piel y de la misma uña que el Cantar de los Cantares y del mineral oscuro que acumulan mis entrañas. Carbón y poesía habitan en mí no como espuma, sino como oficio, como horario, como tranco imprescindible en el camino.

Porque en el paso soy el talón y el suelo que lo impulsa. No soy otra cosa que tinta que se vierte, no soy más que este oficio antiguo y solitario. Soy deseo, pero deseo de ser la pluma, y su herida. Porque cuando soy todo eso (el margen, la tinta, la cuartilla, el número que marca el orden de los tiempos y la goma que borra), cuando no hay distancia entre la raíz de mis muelas y lo escrito, siento que merece la pena quedarse aquí, sin prisas, hasta que venga la muerte si se atreve.

De nada sirve la almoneda de palabras, la imposición mercantil de los criterios. Yo soy una tinta que se encoge y expande en un latido. Y aquí estoy para dar fe, con rigor de que solo me siento ser si escribo. Escribo y respiro. Me muevo y agonizo. Solo hay palabra: la palabra como trazo del retrato, el sueño como trazo del orgasmo y la muerte como trazo que da sentido a todos los trazos. Tarea, tarea; oficio, oficio.

Entonces la palabra es yo. Soy, ya lo dije, látigo y espalda, inquisición y herejía. Soy la voz que clama y el socorro. Soy yo, un escritor que grita o que silencia como los besos dulces. La máquina herramienta de mi túnel, de mi puente, y del asfalto pegajoso que hierve a mediodía.

Soy el instrumento, el oficio y la tarea. Lo demás no importa. A mí no me importa."


ALFONSO FERNÁNDEZ BURGOS

29 de diciembre de 2009

Palabras prestadas


Leyendo el libro de Italo Calvino, Mundo escrito y mundo no escrito de la Biblioteca Calvino de Editorial Siruela (2006), (Es un duro este hijuemadre, no sé Danae porque no lo hemos estudiado más juntos, creo que tu sola si, pero no conmigo) encontré pasajes que merecen la pena ser retomados. Este libro es una compilación de textos de él, por ello cada párrafo tiene su referencia específica.

"No depende de los escritores sino del paso del tiempo. Cuando yo empecé a escribir, hace quince años, parecía que lo natural era escribir con objetividad: daban ganas de escribir la historia de todos los que iban por la calle. Hay momentos en los que las historias están en las cosas, es el propio mundo el que tiende a contarse a sí mismo, y el escritor se convierte en un instrumento. Y hay momentos -como hoy en día- en los que le mundo por sí solo no parece tener ganas, en los que en las historias del prójimo ya no se lee una historia general, y entonces el escritor sólo puede contar el mundo en relación con él" (Respuestas a 9 preguntas sobre las novelas, Pág 36, 1959)

"Quizá la lectura sea ya un robo. Hay algo que está ahí, encerrado, dentro de ese objeto del que se presupone que tiene algo encerrado dentro. En cada lectura hay un forzamiento, hay un robo con violencia. Naturalmente, los cuadros y las obras literarias se construyen con esa intención, para ser robados de esa manera. Igual que el laberinto está construido con la intención de que nos perdamos, pero también para nos encontremos en él" (Robos con arte - Conversaciones con Tullio Pericoli, Pág 73, 1980)

"Y el lenguaje es de la máxima importancia porque para mantener despierta la atención del lector es preciso que la voz que le habla posea cierto tono, cierto timbre, cierta viveza. La opinión más corriente es que se exporta mejor un escritor que escribe en tono neutro, pues plantea menos problemas de traducción. Pero también creo que ésta es una opinión superficial, porque una escritura gris sólo puede tener valor si el sentido de la grisura que transmite tiene un valor poético, es decir, si ese gris es una creación muy personal; de otro modo, nadie sentirá deseos de leerlo. La comunicación debe establecerse a través del acento personal del escritor, y esto también puede darse en un nivel corriente, coloquial, no muy distinto del lenguaje del periodismo, más vivaz y brillante; y se puede establecer una comunicación más intensa, más íntima y más compleja, como la de la expresión literaria" (La mejor manera de leer un texto es traducirlo, Pág 81, 1982)

"El traductor literario es el que se pone en peligro a sí mismo para traducir lo intraducible" (La mejor manera de leer un texto es traducirlo, Pág 81, 1982)