18 de octubre de 2011

Tenía algo que decir...

Y el eremita vuelve a estar solo. Bueno, yo vuelvo a estar solo y el eremita sonríe. Está a gusto con la soledad recuperada, con la posibilidad de hacer lo que le venga en gana. Le digo que "no", que no puede hacer todo lo que quiera. Se ríe, ya no sonríe, se ríe a carcajadas. "Claro que puedo hacer lo que me venga en gana. Podemos irnos a tomar un café, a leer a solas, a ver una película, a caminar de nuevo estas calles grises y misteriosas como un personaje solitario, puedo sonreirle a quien quiera, puedo colgarle el teléfono a quien me provoque, puedo revolcar otra vez todo... es que no te das cuenta, no se dan cuenta ustedes, los otros habitantes de Andrés, cuanto necesitamos revolcar todo, cuanto necesitamos que las estructuras se sacudan y se muevan con la fuerza de un terremoto... vos seguís impávido, Andrés, esperando no sé qué cosa, que manía esta de esperar. No hay nada que esperar. Ahora o nunca, brinca o camina, sonríe o llora, pero no esperes. El más allá no existe, ni siquiera ha sido conjurado y vos lo andás esperando. No esperés nada más, soltate, sacudite, bailá, volvé a sonreir con la libertad de siempre, con esa alegría que contagias, con esa fortuna de saberte todo tuyo... Jajaja... todo nuestro, todo tuyo". Eremita insondable. Me sacás lágrimas ahora que te dejo hablar. ¿Por qué tenés tanta razón cuando te dejo intervenir? ¿Por qué?

23 de diciembre de 2010

Feliz Navidad

Mientras el bus avanza, un hombre nos toma por sorpresa. Empieza a tocar su violín. Que hermoso regalo de navidad...

¡Los primeros tres días en pocas palabras!

Tres en uno:

I

Salgo ansioso por la puerta del aeropuerto después de tener un revisión de aduana a profundidad (resultad: No encontraron más que unos manjar blanco que sorprenden al que requisa). Muchos rostros, una mujer con unos globos en forma de corazón, gente igual de ansiosa por el reencuentro con sus seres queridos. Busco rápidamente la cara de mi hermana, la de mi mamá, hasta la de mi abuela.... No, no están, carajo, otra vez que me quedo con la emoción en un suspiro, otra vez observo la realidad del ahora, las cosas no son como antes. Saco unas monedas, marco al celular de mi madre, no contesta. 15 minutos después, tres llamadas hechas, contesta. Aún vienen en el bus. He de esperar. Está bien, ahora las cosas son distintas. Todo cambia.

II

Es la noche del último solsticio del año, el de invierno. Coincide con una noche de luna llena muy especial, despejada. El baño de la luz de la luna inunda la calle, los cuerpos, cubre un manto plata todo. Le he propuesto más temprano a mi madre hacer una meditación en casa, ella sugiere la playa. Por qué no?, me pregunta. Claro, pienso yo, si es en la playa, es en la playa! La única que no va es mi hermana. Asistimos mi abuela, mi madre y yo a un encuentro con el momento.
La parte trasera de un hotel es nuestro lugar. La oscuridad asiste al encuentro, sin embargo la luz refulgeante de la luna nos ilumina. Llevo dos velas blancas que enciendo en la mitad del triángulo que formamos los tres, ellas sentadas en una de esas bancas de bronceo típicas de playa o piscina y yo en la arena. El mar se mueve, ondea, y en su oscuridad unos brillos color plata brincan aquí y allá en la punta de las olas. Parece una lluvia plateada, como si las estrellas estuvieran en el mar, como si el cielo se invirtiera. Cerramos los ojos. Meditamos. Nos liberamos de muchas cargas. Al abrir los ojos mi abuela dice que le pareció ver el cielo en el medio de las velas que descansan en la arena. A mi me pareció que los tres estábamos en el cielo en ese momento de tanta belleza.

III

Salimos de compras. Mi hermana, rizos creativos, no tiene sino un par de prendas de vestir y un solo par de zapatos. No es sólo que crece más rápido que lo que compra las cosas, sino que está en medio del marasmo de la transición adolescente. Ya no es una niña, tampoco una joven, ya no le gustan las mariposas en las blusas, ya no le gustan los colores rosados y azules claros, ya no quiere el mismo tipo de blusa, ya no le gustan las blusasssssss.... por ella se compraba camisas de hombre pero sus padres la llaman al orden. Jajaja. Menos mal no me ha preguntado a mi.
Salimos como dije, tres horas de viaje en un bus hasta llegar al centro comercial deseado: Dolphin Mall. La actitud de "mamera", la pereza, lo desobligante de la actitud, el aburrimiento consigo misma que se extiende hasta nosotros, que con un intento de paciencia absoluta aguantamos el momento. Hasta que la cosa estalla, yo me suelto del drama, mi mamá la manda al carajo y ella reacciona. Su actitud mejora. La adolescencia divino tesoro, pienso de manera sarcástica. Hablo con lapaulisloveyou, una chica, alguien que nos dé una pista: "tal vez no quiere comprar la ropa con su mamá y su hermano, tal vez lo que quiere es hacerlo sola o con amigas de su edad, es que ya uno a esa edad no quiere a la mamá ahí"; levanto la mirada, mi madre dentro del vestier. ¡Qué invasión! Comprendo, se lo digo a mi madre. Ayyy, bendita seas lapaulisloveyou.

28 de mayo de 2010

Observación nocturna


Lo observo en la noche. Estoy sentado en la cama. Duerme. Percibo su amor generoso, su forma de mirarme. ¿Por qué habremos de esperar a que el otro tenga los ojos cerrados para percibir su mirada? Es como si en el recuerdo nos permitieramos más que en la presencia.


Lo observo en la noche. Mi corazón late normal pero el ritmo lo nombra. Di-to-di-to-di-to... y yo sonrío. En silencio paso mi mano por su frente. Paso un dedo por sus labios (el dedo que ustedes escojan), él respinga.


Lo observo en la noche. La agitación del día ha sucumbido, en medio de la quietud, recuerdo su abrazo al llegar. Esa sonrisa que me dice "Te amo" antes de enunciarlo. Ese baile que hace antes de entrar al baño para celebrar que amanecimos juntos.


Lo observo en la noche. Agradezco que puedo hacerlo. Me acuesto a su lado, acerco mi rostro a su respiración. Cierro mis ojos y con el arrullo del aire que lo anima, voy dejándome llevar por el sueño. Cuando todo es oscuro, su brazos iluminan la noche rodeándome y diciendo en un susurro. "Buenas noches, amor".

24 de mayo de 2010

De los papelitos, el amor y el ego.

Entonces uno tiene entre las manos los papelitos de colores. Se acerca a la caja y todos se le van en una sola transacción. Sales del sitio ansioso. Tenías varios de los mismos colores y ahora solo te quedan circulos de metal. Son los de valor menor, por eso te tocaría tener demasiados para compensar los papelitos.
Y pensar que son eso, papelitos, pero les hemos dado tanto valor. Con decir que son el resultado del sudor de tu frente, de los trasnochos y las aguantadas de hambre de 30 días o 15 en el mejor de los casos.
Papelitos con los cuáles intercambiamos el alimento, la vivienda, el buen vivir. Ayer en compañía de Brigitte, mientras estudiábamos un poco, me pregunté ¿Cómo sería un mundo basado exclusivamente en la relación de amor y no del ego? No habría dinero, todo sería de todos, pero creo que la estrechez de nuestras mentes no pueden concebirlo... habría que resetear la matrix, crear una raza nueva o será posible otras salidas con los mismos de ahora.

23 de mayo de 2010

Jugando con La loca de la casa

"La esencia de la locura es la soledad" En La loca de la casa, Rosa Montero

Ejercicios con despropósito:

I
1,2,3, sol edad,
4,5,6, lo cura,
7,8,9, es encia,
0 nada de sol edad lo cura, es encia.

II
¿Y qué más puede nacer de la soledad que no sea locura?
¿Alguna idea? Miedo. Vacío. Una flor. ¡Tres aves, no!
Un muchacho de 13 jugando al sireno, un imperio con múltiples batallas, largas noches escribiendo para que los fantasmas no se acerquen, una banda de rock que toca en parques convocando a los cómplices... silencio.
Salvarse, de la soledad puede nacer Salvación.
III
Y entonces sigo en una búsqueda inútil que sólo está al servicio de los propósitos de la incomprensión. Por qué no quedarse con la pregunta. El cifrado vicio de querer una respuesta.
IV
Un brazo, después el otro y nadie por apretar.

22 de mayo de 2010

Las preguntas de Dito 1

El día de ayer, después de una larga conversación sobre nuestra relación, Dito elaboró una inquietante pregunta. Le hablaba de un "amigo" de Medellín (las comillas son puestas en referencia a lo que a continuación se develará como la pregunta de Dito), sobre una llamada que me había hecho para solicitar información de un conocido de la Ciudad del Caos; un hombre con el que me he visto en la rumba, que conozco por amigos comunes y con quien tuve un acercamiento por participar de una situación que quizá en otra ocasión narre por este medio. El punto es que le dije a Dito que al paisa le había contestado con la verdad por el afecto que le tengo.
Media hora después, un cigarrillo de intermedio y algunos pensamiento de él en el balcón del apartamento, lo llevaron a acostarse a mi lado en la cama y preguntarme: "¿Cómo puedes decir que le tienes afecto a alguien que no has visto en persona?" Y el silencio se posó en mis labios. "Yo eso no lo puedo entender". Y no supe explicárselo. Es algo curioso, yo sé de qué habla, comprendo a qué hace referencia, pero cuando miro en esa habitación de afectos, encuentro varios con destino a personas que nunca he tenido la oportunidad de estrechar entre mis brazos, no sé cómo, ahí están los afectos y plenamente ligados a las imágenes fotográficas o de video que tengo de ellos: un hombre español, de madrid, un hombre de bucaramanga, el paisa, el de pereira, un turco que vive en usa, un venezolano díscolo, en fin, personas con las cuales he conversado largamente por el chat, con los que he conversado por videollamada. Recuerdo incluso una "relación sentimental" sostenida con mi Mr BIg personal, casi por dos años, toda ella virtual.
Vaya, vaya, lo que deviene de intentar explicar algo que simplemente se siente y que estas nuevas (bueno, ya no tanto) tecnologías proponen. ¿Alguien sabe explicarlo? Seguiré con la pregunta rondándome a ver si aventuro una respuesta alguno de estos días.

20 de mayo de 2010

La chica de las medias...

Ingresó sigilosa en la sala con la sonrisa brillante contagiada por su corazón abierto y vibrante. Fascinada con los descubrimientos que ha hecho sobre su propio mundo, esa nueva mirada con la que ha abordado a la ciudad del caos después de unos días en la Casa de la luz, se sentó a escuchar la reflexión y a ponerse en disposición orante. Cruzó las piernas, abrió su cuaderno y la chispa de su mirada se depositó en quien estaba hablando. Hoy no traía medias, hoy traía pantalón.
Cada jueves, con la regularidad de una cita importante, ella llega a la misma sala, en la que soy testigo de su devoción. Suele vestir con colores disonantes con el gris y negro de esta ciudad del caos, colores de luz, y la combinación la lleva a usar medias largas también con colores inesperados, medias que se asoman bajo su falda insinuando su diferencia, marcando su especialidad. Pero hoy llegó con pantalón, hoy a roto la referencia, hoy después del fin de semana, hoy que la llamo por su propio nombre y no por la etiqueta mental que le había asignado, hoy decide romper la monotonía de la diferencia y vestirse como una más. Sin embargo, algo en ella vibra de manera permanente, sin permitirle el anonimato. No más salir las miradas se toparán con su rostro, nada más cruzar la puerta, los ojos de los seres oscuros de la ciudad del caos observarán su sonrisa con envidia, preguntándose qué es lo que tiene de bueno el día que ésta va sonriendo, cuestionando su forma suave de andar por las calles grises, tachándola mentalmente de una loca que va por la calle exhibiendo sin pudor su disfrute por los días.
No cambió el mundo, dice nuestra maestra de luz, cambió la forma como lo ves. Y esta vez es tan obvio, es tan certero, es tan innegable. Otras veces he escuchado la misma frase y, prejuicioso, la he descartado por romántica o fanática. Hoy la veo en el rostro de esta mujer que parece que antes amé, hace tanto que ya lo olvidé, hace tanto que ya no me dejan recordarlo, pero hace tan poco que nos volvemos a encontrar aquí y ahora, quizá para amarla de una forma diferente, como una hermana con la cual comparto ahora esa sonrisa "estúpida" que los otros nos intentan borrar al andar la calle.

15 de abril de 2010

Palabras prestadas


Para aquel que ha visto la película El secreto de tus ojos, conocerá el contexto de este diálogo. Para aquel que aún no ha tenido la oportunidad de disfrutar la película puede ser más flexible y quizá llegar a verlo como me topó, en el impacto de lo general, en la incidencia en lo cotidiano... No piense más, hermano; No piense más, muchacho; No pienses más, chicuela; No pienses más, ninguno...

"No piense más, no piense más. ¡Qué importa! Mi mujer está muerta, su amigo está muerto, Gómez también está muerto, están todos muertos. No le dé más vueltas, va a empezar con que si hubiera estado, si no hubiera estado. Va a tener mil pasados y ningún futuro. No piense más, hágame caso. Se va a quedar solo con recuerdos." En El secreto de tus ojos.

9 de abril de 2010

Del taller escritura y duelo...

Leyendo correos viejos me topé con el párrafo de presentación que hice para inscribirme en el taller de escritura. A continuación lo recuerdo:

"La escritura ha sido fundamental en mis procesos de autoconocimiento y exploración creativa. He creado un personaje de mi, que escribe: el eremita. Hace algunos años, cuando mi familia se fue del país y yo me quedé estudiando mi carrera, la escritura se constituyó en una forma de comprenderme, de mirarme desde afuera y de reorganizar mi soledad y las relaciones con los demás, incluyendo mi familia. Creo que en ese momento, fue necesario dejar atrás mi adolescencia, asumir esa pérdida y rediseñar un proyecto de vida con autonomía. Considero, firmemente, que las pérdidas y duelos no hacen referencia exclusiva a las muertes de personas, también lo hacen a la ciudades que dejamos atrás, las personas con las que no nos vemos más, los momentos de nuestra vida que van pasando a ser parte de nuestra historia. Como mi vida continúa, el juego de las ausencias y presencias lo hace también, y me gustaría redescubrir la escritura a través del taller, orientada a la construcción del símbolo. Ahí, donde antes hubo algo o alguien, donde ahora hay ausencia, puede emerger la escritura, como construcción simbólica que ayude a vivir, incluso que ayude en algunas ocasiones, como ocurre en el ejercicio de mi profesión, a sanar."