9 de abril de 2010

Del taller escritura y duelo...

Leyendo correos viejos me topé con el párrafo de presentación que hice para inscribirme en el taller de escritura. A continuación lo recuerdo:

"La escritura ha sido fundamental en mis procesos de autoconocimiento y exploración creativa. He creado un personaje de mi, que escribe: el eremita. Hace algunos años, cuando mi familia se fue del país y yo me quedé estudiando mi carrera, la escritura se constituyó en una forma de comprenderme, de mirarme desde afuera y de reorganizar mi soledad y las relaciones con los demás, incluyendo mi familia. Creo que en ese momento, fue necesario dejar atrás mi adolescencia, asumir esa pérdida y rediseñar un proyecto de vida con autonomía. Considero, firmemente, que las pérdidas y duelos no hacen referencia exclusiva a las muertes de personas, también lo hacen a la ciudades que dejamos atrás, las personas con las que no nos vemos más, los momentos de nuestra vida que van pasando a ser parte de nuestra historia. Como mi vida continúa, el juego de las ausencias y presencias lo hace también, y me gustaría redescubrir la escritura a través del taller, orientada a la construcción del símbolo. Ahí, donde antes hubo algo o alguien, donde ahora hay ausencia, puede emerger la escritura, como construcción simbólica que ayude a vivir, incluso que ayude en algunas ocasiones, como ocurre en el ejercicio de mi profesión, a sanar."

3 comentarios:

  1. Hola Eremita

    Muy melancólico e introspectivo tu texto. Como tú, yo también creo que la escritura, en tanto forma de desahogo, nos ayuda a conocernos un poquito más. Pero ya con el sólo hecho de sernos para sacar el dolor, el enojo, desazones varios que llevamos dentro, ha cumplido una parte de su objetivo. Como dice Alejandra Pizarnik: "escribir contra el miedo, contra el viento con garras que se aloja en nuestra respiración..."

    En cuanto al duelo; cien por cien de acuerdo: uno pena pérdidas no sólo humanas (y estas, no sólo son imputables a la muerte; a veces duelen más las ausencias de los vivos); uno pena el alejamiento de lugares, el parque de su infancia, la playa que miraba por la ventana, el pueblo donde nació y fue feliz porque era niño y en ese tiempo poco entendía de penas.

    Quizá después del duelo por la muerte de un ser amado, no haya duelo más duro y permanente que el duelo en que vivimos añorando la infancia perdida,nuestra lejanía irremediable de la Patria de la infancia.

    Un beso

    Ps perdona este largo choro

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  2. Marichuy:

    No hay nada por perdonar. Antes hay mucho por agradecer. Gracias por tomarte el tiempo de venir a dejarme parte de tu escritura en mi blog, gracias por contarme lo que opinas de aquello que escribí. Gracias por recordarmme a Pizarnik que me sacó más de una lágrima hace muchos años. Gracias por conmoverme con tus hermosas palabras. GRacias por todo.

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  3. escribir me relaja y me permite expresarme, coincido contigo, ademas no trae recuerdos encontrar relatos escritos hace tiempo y volverlos a leer

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Porque siempre se tendrá algo por decir... no?